A veces la vida puede ser difícil y complicada, a veces las cosas no salen como hubiésemos querido, a veces simplemente todo sale mal…Tomamos malas decisiones en nuestro recorrido por la vida, decisiones que, a la larga, nos conducen por caminos que no hubiésemos querido transitar, al menos no, si hubiésemos conocido cual era el destino final ¿Te ha pasado? La biblia nos dice: “Hay camino que al hombre le parece derecho; pero su fin es camino de muerte” (Proverbios 14:12). Tarde o temprano, cosechamos lo que sembramos.

Asumiendo Las Consecuencias

¿Pero qué pasa cuando ya nos hemos equivocado? ¿No podemos simplemente hacer borrón y cuenta nueva y aquí no pasó nada? Quisiera decir que sí, pero no es así, quizás es un “si parcial” ya que hay un principio bíblico, que es el de la siembra y la cosecha: “No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará” (Gálatas 6:7). Esto es, cosechamos lo que sembramos; si sembramos una semilla de manzana, cosechamos manzanas, sembramos amor, recibimos amor, sembramos odio, recibimos odio, y así, podemos aplicar este principio a cualquier situación de la vida. Más temprano que tarde, la vida nos devuelve eso que sembramos, sea bueno o sea malo. Es lo que el mundo en la actualidad llama, el “karma”; en la biblia se escribió al respecto hace miles de años.

Cuando nos equivocamos por el camino que tomamos y nos arrepentimos sinceramente delante de Dios, Él promete restaurarnos y literalmente hace una “cuenta nueva” con nosotros y borra todos nuestros pecados, “Yo, yo soy el que borro tus rebeliones por amor de mí mismo, y no me acordaré de tus pecados” (Isaías 43:25). Eso sí, las consecuencias del pecado, por esa mala decisión que tomamos, simplemente las tenemos que asumir.

Siempre habrá consecuencias por los pecados que cometemos, siempre! Dios mismo lo estableció hace aproximadamente 4,400 años atrás, cuando dijo que siempre habrá siembra y cosecha: “Mientras la tierra permanezca, la siembra y la siega, el frío y el calor, el verano y el invierno, el día y la noche, nunca cesarán” (Genesis 8:22). Así que antes de hacer algo, lo que sea que vayas a hacer, siempre medita en las consecuencias de tus actos, porque tal como sea tu siembra, así será tu cosecha.

Aprendiendo de Nuestros Errores

¿Y porque Dios permite que tengamos que sufrir las consecuencias de nuestro pecado? Simplemente porque en la mayoría de los casos, la única forma por la que aprendemos, es a través de nuestros errores. Ejemplo: Dile a un niño de corta edad a que pase el dedo por el fuego, en su inocencia, seguramente lo hará corriendo porque no conoce que el fuego quema, pero ¿Qué pasa cuando se quema? ¿Crees que volverá a querer pasar su dedo por el fuego?

De la misma manera funciona cuando cometemos un error, esos pecados que hacen que nos estrellemos con la vida; lo último que quisiéramos, es volver a repetir ese error ¿Cierto? Por eso Dios permitirá que suframos la consecuencia del pecado, para que aprendamos la lección. Lo que no hará Dios, es acusarnos por el pecado que cometimos, hará borrón y cuenta nueva; eso sí, Él dirá, no peques más, ya no cometas ese mismo error “Enderezándose Jesús, y no viendo a nadie sino a la mujer, le dijo: Mujer, ¿Dónde están los que te acusaban? ¿Ninguno te condenó? Ella dijo: Ninguno, Señor. Entonces Jesús le dijo: Ni yo te condeno; vete, y no peques más” (Juan 8:10-11).

Si bien todos cometemos errores y terminamos cosechando lo que sembramos, pero Dios nos perdonará si nos arrepentimos. El único pecado imperdonable, es la blasfemia contra el Espíritu Santo: “Por tanto os digo: Todo pecado y blasfemia será perdonado a los hombres; más la blasfemia contra el Espíritu no les será perdonada. A cualquiera que dijere alguna palabra contra el Hijo del Hombre, le será perdonado; pero al que hable contra el Espíritu Santo, no le será perdonado, ni en este siglo ni en el venidero” (Mateo 12:31-32). Por lo tanto, no importa lo que hayamos hecho, Dios nos ama y es fiel y justo para perdonarnos, si nos arrepentimos sinceramente: “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad” (1 Juan 1:9).

Dios Promete Restauración

¿Estas viviendo en este momento las consecuencias de tu pecado? Su palabra nos promete: “Los afligidos y menesterosos buscan las aguas, y no las hay; seca está de sed su lengua; yo Jehová los oiré, yo el Dios de Israel no los desampararé. En las alturas abriré ríos, y fuentes en medio de los valles; abriré en el desierto estanques de aguas, y manantiales de aguas en la tierra seca” (Isaías 41:17-18).

No importa el fracaso que hayas tenido, si te arrepientes y le buscas con un corazón sincero, independientemente de lo que estés viviendo, Él promete restaurarte: “Porque yo te devolveré la salud, y te sanaré de tus heridas —declara el Señor— Porque te han llamado desechada, diciendo: “Esta es Sión, nadie se preocupa por ella”. Así dice el Señor: He aquí, restauraré el bienestar de las tiendas de Jacob, y tendré misericordia de sus moradas; será reedificada la ciudad sobre sus ruinas, y el palacio se asentará como estaba. Saldrá de ellos canto de acción de gracias y voz de los que se divierten; los multiplicaré y no disminuirán, los honraré y no serán menospreciados. Y serán sus hijos como antes, su congregación delante de mí será confirmada, y castigaré a todos sus opresores” (Jeremías 30:17-20).

Amen! 

PD. Puedes ampliar mas sobre este tema en el siguiente enlace: «Cambia La Semilla Para Cambiar Tu Vida»