Tiempo de Lectura Aproximado: 4 minutos...

A veces las cosas no salen como planeamos, para el caso, yo en más de una oportunidad me he encontrado preguntándome ¿Por qué me pasó esto?… Tomamos malas decisiones que tarde o temprano, nos pasan factura y terminamos cosechando lo que sembramos.

Decisiones Buenas y Malas

Toda decisión en la vida acarrea un resultado o consecuencia, ya sea bueno o malo; por ejemplo, me alimento bien y hago ejercicios, para tener una vida saludable a largo plazo, o quizás, por otro lado, me dedique a robar bancos y eso muy probablemente me llevará a terminar muerto o en la cárcel.

Algunas personas toman decisiones aun sabiendo que el resultado podría no ser nada bueno, pero aun así se arriesgan, simplemente prefieren el camino fácil pensando que se saldrán con la suya, pero dice la biblia: “No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará” (Gálatas 6:7).

Otras personas tomamos una decisión pensando que era la correcta, pero al final no lo fue y eso nos llevó por caminos que no hubiésemos querido transitar, al menos no, si hubiésemos conocido cuál era el destino final ¿Te ha pasado? La biblia nos dice: “Hay camino que al hombre le parece derecho; pero su fin es camino de muerte” (Proverbios 14:12).

Cosechamos Lo Que Sembramos

¿Pero qué cuando ya hemos tomado una mala decisión? ¿No podemos simplemente pedir perdón, hacer borrón, cuenta nueva y aquí no pasó nada?

Quisiera decir que sí, pero no, ¡Siempre habrá consecuencias por nuestras acciones, siempre!, y Dios mismo lo estableció hace aproximadamente 4,400 años: “Mientras la tierra permanezca, la siembra y la siega, el frío y el calor, el verano y el invierno, el día y la noche, nunca cesarán” (Génesis 8:22).

Mientras exista la tierra, siempre habrá día y noche, frío y calor, inverno y verano, siembra y cosecha... Así que antes de hacer algo, lo que sea que vayas a hacer, siempre medita en las consecuencias de tus actos, porque tal como sea tu siembra, así será tu cosecha.

Sembramos una semilla de manzana, cosechamos manzanas, sembramos amor, recibimos amor, sembramos odio, recibimos odio y dice la biblia: “Porque sembraron viento, y torbellino segarán” (Oseas 8:7).

Podemos aplicar este principio a cualquier situación de la vida, porque más temprano que tarde, la vida nos devuelve eso que sembramos, sea bueno o sea malo. Es lo que el mundo en la actualidad llama el “karma”; en la biblia se escribió al respecto hace miles de años.

Aprendiendo de Nuestros Errores

Cuando nos equivocamos y pecamos, pero nos arrepentimos sinceramente delante de Dios, Él literalmente hace un “borrón y cuenta nueva” borrando todos nuestros pecados, porque dice: “Yo, yo soy el que borro tus rebeliones por amor de mí mismo, y no me acordaré de tus pecados” (Isaías 43:25).

Eso sí, las consecuencias del pecado por esa mala decisión que tomamos, simplemente la tenemos que asumir, ¿Y por qué Dios lo permite? Simplemente, porque en la mayoría de los casos, la única forma por la que aprendemos, es a través de nuestros errores.

Hace muchos años tuve un accidente de vehículo que gracias a Dios solo tuvo consecuencias materiales; pudieron ser varios los muertos de mi familia, pero no paso a más. ¿Qué hice?... Manejar a alta velocidad en carretera con tiempo lluvioso... El resultado es que jamás volví a manejar imprudentemente porque aprendí la lección.

De la misma manera sucede cuando literalmente nos estrellamos con la vida; cuando cometimos ese error que nos hundió y nos hizo sufrir; lo último que quisiéramos, es repetirlo ¿Cierto? Por eso Dios permitirá que suframos la consecuencia del pecado, para que aprendamos la lección.

Lo que no hará Dios, es acusarnos por el pecado que cometimos, eso sí, Él dirá, no peques más, ya no cometas más ese mismo error: “Enderezándose Jesús, y no viendo a nadie sino a la mujer, le dijo: Mujer, ¿Dónde están los que te acusaban? ¿Ninguno te condenó? Ella dijo: Ninguno, Señor. Entonces Jesús le dijo: Ni yo te condeno; vete, y no peques más” (Juan 8:10-11).

Dios Promete Restauración

Si bien todos cometemos errores y terminamos cosechando lo que sembramos, Dios nos perdonará si nos arrepentimos y no solo nos perdonará, nos restaurará.

El único pecado imperdonable es la blasfemia contra el Espíritu Santo: “Por tanto os digo: Todo pecado y blasfemia será perdonado a los hombres; más la blasfemia contra el Espíritu no les será perdonada. A cualquiera que dijere alguna palabra contra el Hijo del Hombre, le será perdonado; pero al que hable contra el Espíritu Santo, no le será perdonado, ni en este siglo ni en el venidero” (Mateo 12:31-32).

Por lo tanto, no importa lo que hayamos hecho, Dios nos ama y es fiel y justo para perdonarnos, si nos arrepentimos sinceramente: “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad” (1 Juan 1:9).

Su palabra nos promete: “Los afligidos y menesterosos buscan las aguas, y no las hay; seca está de sed su lengua; yo Jehová los oiré, yo el Dios de Israel no los desampararé. En las alturas abriré ríos, y fuentes en medio de los valles; abriré en el desierto estanques de aguas, y manantiales de aguas en la tierra seca” (Isaías 41:17-18).

¿Tu vida se encuentra en ruinas? Su Palabra nos dice: “Porque yo te devolveré la salud, y te sanaré de tus heridas —declara el Señor— Porque te han llamado desechada, diciendo: “Esta es Sión, nadie se preocupa por ella”. Así dice el Señor: He aquí, restauraré el bienestar de las tiendas de Jacob, y tendré misericordia de sus moradas; será reedificada la ciudad sobre sus ruinas, y el palacio se asentará como estaba. Saldrá de ellos canto de acción de gracias y voz de los que se divierten; los multiplicaré y no disminuirán, los honraré y no serán menospreciados. Y serán sus hijos como antes, su congregación delante de mí será confirmada, y castigaré a todos sus opresores” (Jeremías 30:17-20).

Amen! 

PD. Puedes ampliar más sobre este tema en el siguiente enlace: "Cambia La Semilla Para Cambiar Tu Vida"