Hoy quiero hablar acerca de la misericordia, ese favor inmerecido que hemos recibido de parte de Dios, aun sin merecerlo…La gracia divina, que aun cuando estábamos muertos al pecado, Jesucristo vino y murió por nuestros pecados, para nuestra salvación.

La Gracia Divina

Ayer mientras me encontraba pensando en lo que iba a escribir para mi siguiente entrada del blog, nada venía a mi mente y por momentos me sentía algo frustrado y pedía al Espíritu Santo que me diera alguna palabra, pero no venía nada a mí y así me fui a dormir, sin tener la menor idea de que escribir para este día.

Cuando comencé con este proyecto, que jamás hubiera pensado realizar en mi vida; fue como una pequeña semilla que Dios plantó en mi corazón y a la que poco a poco le fue dando forma. Yo quería servirle en algo, pero no sabía en que y así encerrado por la pandemia, había muy pocas cosas que yo pudiera hacer, y así de repente, Él puso en mí el querer hacer esto pues dice su palabra: “Porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad” (Filipenses 2:13)

Me refiero a que yo ni siquiera sabía cómo era la creación de una página web, en mi vida jamás lo había intentado y mis conocimientos del tema, eran por decir, completamente nulos; pero aquí estoy, casi cuatro meses después, sentado en mi escritorio como todas las semanas, tratando de llevar una palabra de parte de Dios para alguien que la esté necesitando, haciendo algo que nunca imaginé hacer.

Si quisiera poner en una balanza las razones por las cuales creo que debo de estar trabajando en esta pagina web, y las razones por las que no debería, muy seguramente la balanza estaría inclinada hacia el lado que diría “no debo hacerlo”; entonces me surge la siguiente pregunta: ¿Por qué yo? ¿Por qué Dios querría a alguien como yo, trabajando en llevar su palabra? Me refiero a que soy una persona con muchas fallas, me cuesta muchísimo mantenerme firme, pero aquí estoy, de alguna manera sigo aquí…

Y es así como esta mañana al despertarme, todavía acostado en mi cama, se me vino a la mente la siguiente letra de una canción que se llama “Admirable” y que he pasado escuchando muchísimo durante la última semana y dice: “Es por tu Gracia que estoy de pie, solo por ti amado Dios, solo es por tu Gracia, que libre soy

Así que no depende de mí el estar aquí escribiendo, ni tampoco de mis propias fuerzas, pues es Dios quien en su infinita misericordia quiso que yo le sirviera, no porque fuera el adecuado (según mis propias capacidades), sino porque dice la palabra: “¿Qué, pues, diremos? ¿Qué hay injusticia en Dios? En ninguna manera. Pues a Moisés dice: Tendré misericordia del que yo tenga misericordia, y me compadeceré del que yo me compadezca. Así que no depende del que quiere, ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia” (Romanos 9:14-16)

Y también dice y me gusta esta traducción de la biblia “Dios Habla Hoy” que dice: “Y es que, para avergonzar a los sabios, Dios ha escogido a los que el mundo tiene por tontos; y para avergonzar a los fuertes, ha escogido a los que el mundo tiene por débiles. Dios ha escogido a la gente despreciada y sin importancia de este mundo, es decir, a los que no son nada, para anular a los que son algo. Así nadie podrá presumir delante de Dios” (1 Corintios 1:27-29)

El Favor Inmerecido de Dios

Es imposible comprender la gracia de Dios, el porque nos ama tanto, aun cuando nosotros le fallamos tantas veces, pero dice su palabra: “Por tanto, Jehová esperará para tener piedad de vosotros, y por tanto, será exaltado teniendo de vosotros misericordia; porque Jehová es Dios justo; bienaventurados todos los que confían en Él” (Isaías 30:18)

El favor inmerecido de Dios es que Él nos amó primero, pues dice su palabra: Nosotros le amamos a Él, porque Él nos amó primero” (1 Juan 4:19) ¿Cuántos de nosotros amaríamos a alguien que no nos ama?, pero también dice su palabra: “Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros” (Romanos 5:8)

Vivir bajo la Gracia de Dios no quiere decir que podremos pecar deliberadamente porque también dice su palabra: “¿Qué, pues? ¿Pecaremos, porque no estamos bajo la ley, sino bajo la gracia? En ninguna manera” (Romanos 6:15) Vivir bajo la gracia significa que por ese amor tan grande que Él nos dio, somos libres del pecado: “Así el pecado no tendrá dominio sobre ustedes, porque ya no están bajo la ley sino bajo la gracia” (Romanos 6:14)

Y también dice: “Porque si pecáremos voluntariamente después de haber recibido el conocimiento de la verdad, ya no queda más sacrificio por los pecados, sino una horrenda expectación de juicio, y de hervor de fuego que ha de devorar a los adversarios. El que viola la ley de Moisés, por el testimonio de dos o de tres testigos muere irremisiblemente. ¿Cuánto mayor castigo pensáis que merecerá el que pisoteare al Hijo de Dios, y tuviere por inmunda la sangre del pacto en la cual fue santificado, e hiciere afrenta al Espíritu de gracia?” (Hebreos 10:26-29)

El favor inmerecido de Dios es que Él nos permitiera ser salvos mediante la fe en su hijo Jesucristo: “Porque por gracia ustedes han sido salvados mediante la fe; esto no procede de ustedes, sino que es el regalo de Dios, no por obras, para que nadie se jacte” (Efesios 2:8-9) y también dice: “Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios, siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús” (Romanos 3:23-24) Por lo tanto tenemos la plena confianza de que nos ha perdonado a pesar de nuestras fallas porque también dice la palabra: “Así que acerquémonos confiadamente al trono de la gracia para recibir misericordia y hallar la gracia que nos ayude en el momento que más la necesitemos” (Hebreos 4:16)

Sabemos que el pecado entró al mundo por la falla de un solo hombre, Adán, y por este pecado, fue maldita la tierra y todos los hombres, pero mayor fue la misericordia de Dios ya que también dice su palabra: “Pero la transgresión de Adán no puede compararse con la gracia de Dios. Pues si por la transgresión de un solo hombre murieron todos, ¡Cuánto más el don que vino por la gracia de un solo hombre, Jesucristo, abundó para todos!” (Romanos 5:15)

Este es el tiempo de la gracia de Dios, aun con todo este caos que estamos viviendo por la pandemia, Dios se ha acercado a nosotros y aunque ahora no lo entendamos, lo ha permitido por su infinita misericordia. La pandemia nos llevó a muchos a buscar de Dios (incluyéndome a mi).

El favor inmerecido de Dios nos permitió el arrepentimiento para mediante la fe en Jesucristo, poder ser salvos y gozar de vida eterna, pues dice la palabra: “Pero Dios, habiendo pasado por alto los tiempos de esta ignorancia, ahora manda a todos los hombres en todo lugar, que se arrepientan; por cuanto ha establecido un día en el cual juzgará al mundo con justicia, por aquel varón a quien designó, dando fe a todos con haberle levantado de los muertos” (Hechos 17:30-31)

Tengamos la plena confianza de que esto que estamos viviendo en la actualidad es temporal, porque también dice: “Y después de que ustedes hayan sufrido un poco de tiempo, Dios mismo, el Dios de toda gracia que los llamó a su gloria eterna en Cristo, los restaurará y los hará fuertes, firmes y estables” (1 Pedro 5:10)

Amén!

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