Desde muy temprana edad fui educado en el cristianismo, sabía de la existencia de un Dios eterno y poderoso, creía en Él, aunque nunca lo vi, nunca lo conocí y nunca lo experimenté; hasta que un día, salió a mi encuentro, rodeó de espinas mi camino y me permitió conocerle, fue en ese momento cuando realmente supe de su amor por mí, y ese amor, me llevó a experimentar una serie de cambios en mi vida; su amor cambió mi vida.

Cuando Dios Sale A Tu Encuentro

Uno de los libros de la biblia que mejor describe el amor de Dios hacia nosotros, se encuentra en el libro del profeta Oseas. En el, se nos describe a nosotros como a una esposa infiel (en sentido figurado) y a Dios, como un esposo celoso, debido a que su esposa (o sea nosotros) lo abandonó por seguir a otros dioses.

En ese sentido y como comenté anteriormente, yo conocía de la existencia de un Dios al cual nunca había experimentado, creía en Él y nada más; pensaba que estaba tan lejos, que yo realmente no era tan importante para Él, y así como la mayoría de las personas, creía que la vida en esta tierra era como nos enseñaron en la escuela, “Nacemos, crecemos, nos reproducimos y morimos”, pero estaba muy equivocado…

Y así fue como Dios salió a mi encuentro, porque no fui yo quien lo buscó, Él tenía planes para mi vida, que hasta ese momento ni yo mismo conocía y quería mostrármelos; y como dice el libro de Oseas respecto de la esposa infiel: “Por tanto, he aquí, cercaré su camino con espinos, y levantaré un muro contra ella para que no encuentre sus senderos” (Oseas 2:6)

Cuando mi vida estaba de lo más normal y todo parecía estar bien, Dios llenó de espinos mi camino y me llevó al desierto, permitiendo que, a través de mi dolor, yo le buscara. Alguno dirá, pero que malo es Dios para permitir que las personas sufran para que lo busquen, pero dice la biblia: “Porque el Señor al que ama, disciplina, Y azota a todo el que recibe por hijo” (Hebreos 12:6)

Cuando Dios trata contigo, es imposible que vuelvas a ser la misma persona, porque también dice su palabra: “Es verdad que ninguna disciplina al presente parece ser causa de gozo, sino de tristeza; pero después da fruto apacible de justicia a los que en ella han sido ejercitados” (Hebreos 12:11)

La Vida Tiene Un Propósito

En medio de todo el proceso que he vivido en mi vida desde que Dios Salió a mi encuentro, he podido distinguir cuatro diferentes etapas que Dios ha venido desarrollando en mí, cada etapa me ha permitido ir creciendo espiritualmente de una forma paulatina, no de prisa, sino, paso a paso; la primera de ellas es que me enseñó que mi vida tiene un propósito.

Una de las principales herramientas que utiliza nuestro enemigo Satanás para destruirnos, es hacernos creer que nuestra vida no tiene importancia, destruyendo nuestros sueños, para que una vez dejamos de soñar, perdamos sentido a la vida. Sino tienes sueños, no hay metas, y sin metas ¿Qué sentido tiene la vida?

Dice una frase popular de C. H. Parkhurst: “El propósito es lo que da a la vida un significado” y cito también esta otra frase de Langston Hughes: “Aférrate a los sueños, pues si los sueños mueren, la vida sería como un ave de alas rotas que no puede volar

Cuando Dios comenzó a tratar conmigo, había caído en medio de una depresión que me llevó literalmente en la cama, sin ganas de levantarme, pasaba horas y horas durmiendo, mis sueños se habían derrumbado y ya sin sueños, dejé de tener un propósito y fue en ese momento cuando Dios le dio significado a mi vida.

Dios nos escogió desde antes de nacer pues dice su palabra: “Antes que te formase en el vientre te conocí, y antes que nacieses te santifiqué, te di por profeta a las naciones” (Jeremías 1:5)

Él estaba ahí, viendo cómo se formaba nuestro cuerpo en el vientre de nuestra madre: “No fue encubierto de ti mi cuerpo, bien que en oculto fui formado, y entretejido en lo más profundo de la tierra. Mi embrión vieron tus ojos, y en tu libro estaban escritas todas aquellas cosas que fueron luego formadas, sin faltar una de ellas” (Salmos 139:15-16)

¿Sera que no somos importantes para Dios, como para que nos haya escogido aun desde antes de nacer? Imagínate que el creador de todo el universo se tomó el tiempo de formar nuestro cuerpo en el vientre de nuestra madre durante 9 meses!

No puedo decirte como Dios me mostró a mí que mi vida tenía un propósito, porque ciertamente Él nos habla a cada uno de formas diferentes, pero cuando Dios hable a tu corazón, lo sabrás porque lo sabrás; yo al principio no lo entendía, pero es hasta ahora cuando veo el cuadro completo, que puedo ver con claridad como Dios ha estado actuando en mí de forma casi que oculta, sin darme cuenta, ahí estaba Dios, paso a paso, dándole sentido a mi vida.

Ajustando Cuentas

Cuando me encontré en medio de la dificultad, empecé a clamar a Dios día y noche y Él me mostró lo siguiente: “Y cuando estéis orando, perdonad, si tenéis algo contra alguno, para que también vuestro Padre que está en los cielos os perdone a vosotros vuestras ofensas” (Marcos 11:25-26)

También me mostro lo siguiente: “Por tanto, si traes tu ofrenda al altar, y allí te acuerdas que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda delante del altar, y anda, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda” (Mateo, 5:23-24)

Era como que Dios me dijera ¿Quieres que responda tus oraciones? Primero ponte en paz con las personas que hayas ofendido, asimismo perdona a todas aquellas personas que te hayan hecho algún agravio.

¿Alguna vez has tenido que ajustar cuentas con alguien a quien ofendiste o que te ofendió? Yo si tuve que hacerlo, y admito que fue de las cosas más difíciles que he tenido que hacer en mi vida, al menos al principio, dar ese primer paso es por demás, ULTRA difícil; al menos para mí lo fue, en mi mente me decía, “Lo hago, no lo hago, lo hago, no lo hago”

Hacerlo significaba para mí, tragarme el orgullo y ceder; pero yo quería que Dios escuchara mis oraciones y no que fueran estorbadas, así que di el paso…Al principio fue difícil encontrar las palabras, pero lo hice, y ya una vez das ese primer paso, lo demás simplemente se da, pedí perdón y recibí perdón. Fue como quitarme una pesada carga de encima, en ese momento me sentí liviano, ahora me siento liviano!!!

El rey David escribió en el libro de los Salmos lo siguiente: “Mientras callé, se envejecieron mis huesos en mi gemir todo el día” (Salmos 32:3)

Cuando yo confesé ese odio y rencor que llevaba dentro de mí y pedí perdón por mis ofensas, fui realmente libre, llevé cargando tantos años ese odio, que me estaba consumiendo. Dios sabe porque nos pide estar en paz con nuestro prójimo ya que al estar en paz con los demás, obtuve paz para mí mismo (Volvemos al tema de la siembra y la cosecha)…Sembré paz, obtuve paz.  

Sanando Las Heridas

Lo tercero que Dios hizo en mi vida fue, sanar mis heridas ¿Y como lo hizo?…Sirviendo a los demás. ¿Y como se pueden sanar las heridas sirviendo a los demás? Al principio yo tampoco lo entendía, pero ahora es tan claro para mí, que me da risa, parece de locos, pero funciona.

Un día, así de la nada, Dios puso en mi corazón que sirviera a los demás, a mi prójimo. De repente sentí la necesidad de ayudar a personas que no tenían que comer en medio de la pandemia por COVID-19 y empecé a cocinar para regalar comida semanalmente.

Igualmente sentí necesidad por dar palabras de aliento y empecé por ayudar a personas que se encontraban en medio de dificultad, en alguna oportunidad, si alguno necesitaba algo de dinero, aportaba, aunque sea un poco de lo mío, para ayudar. ¿Sabes lo raro de esto? A veces ni tenía suficiente dinero para mis gastos.

¿Suena ridículo verdad? Yo también lo pensé por un tiempo…A veces me decía yo mismo ¿Por qué tengo que cocinar para gente que ni conozco, si ni para mí mismo me gusta cocinar? ¿Por qué dejo de pagar mis propias cuentas, dando de mi dinero a otra persona? ¿Por qué doy palabras de aliento a otras personas, si más bien ahorita yo estoy para recibir aliento?

Sin saberlo, al servir a los demás, Dios me llevó a conocer la necesidad de las demás personas, para que yo viera con mis ojos, que a pesar de las dificultades que yo estaba viviendo, siempre hay personas que tienen más dificultades que las mías.

Me quejaba tanto de mi situación y no sabia lo afortunado que era, porque, aunque no tenía lo que quería, al menos tenía salud, mi familia tenía salud, tenía un trabajo (Millones de personas perdieron sus trabajos en medio de la pandemia) Nunca nos ha faltado la comida, nunca he tenido que dormir en una acera ni nadie de mi familia, gracias a Dios que nunca he tenido que estar internado en un hospital, en fin, tantas cosas que Dios nos da y nosotros que no sabemos agradecerle.

Si eres de las personas que tienen un plato de comida sobre la mesa, eres una persona afortunada, ya que, según el Banco Mundial, hay alrededor de 700 millones de personas en el mundo que viven en extrema pobreza con menos de $1.90 al día. Yo hoy pedí comida a domicilio y el plato me costó alrededor de $9 y no era una comida tipo de la que come la realeza, era algo sencillo…Y eso me costó solo un tiempo de comida! ¿Notas la diferencia?

¿Tienes un techo que cubra tu cabeza? Según la ONU, hay 100 millones de personas que viven en la calle, eso es, que duermen debajo de los puentes, en las aceras, etc.

¿No ves lo afortunado que somos? Ver las necesidades de los demás me llevó a comprender que por muchas que fueran mis dificultades, no son nada, comparando a una persona que tiene que buscar comida de un basurero para medio llenar su estómago, que mientras yo duermo cómodamente con aire acondicionado, en este momento hay millones de personas muriendo en un hospital…Aprendí a no quejarme tanto y ser más agradecido.

Dice un dicho muy popular: “No hay nadie tan pobre que no tenga nada que dar, ni tan rico que no tenga algo que recibir” Sirviendo a los demás, aprendemos a ser más agradecidos por aquellas cosas que damos por sentado que debemos tener, pero que la gran mayoría de las personas no tienen.

Cuando bendecimos a los demás, Dios nos bendice a nosotros a su debido tiempo, recuerda que cuando siembras algo, tu cosecha llevará su tiempo en dar frutos y también dice la palabra: “Entonces él se sentó y llamó a los doce, y les dijo: Si alguno quiere ser el primero, será el postrero de todos, y el servidor de todos” (Marcos 9:35)

Dios es tan bueno conmigo, que ya había terminado este escrito y recién me dio esta palabra: «Y si dieres tu pan al hambriento, y saciares al alma afligida, en las tinieblas nacerá tu luz, y tu oscuridad será como el mediodía. Jehová te pastoreará siempre, y en las sequías saciará tu alma, y dará vigor a tus huesos; y serás como huerto de riego, y como manantial de aguas, cuyas aguas nunca faltan. Y los tuyos edificarán las ruinas antiguas; los cimientos de generación y generación levantarás, y serás llamado reparador de portillos, restaurador de calzadas para habitar» (Isaías 58:10-12)

Caminando En Fe

Una vez que entendí que mi vida tiene un propósito y que Dios tiene un plan para mi vida, lo segundo que Dios me enseñó fue a que estuviera en paz con mi prójimo para así tener paz para conmigo mismo y que mis oraciones no fueran estorbadas.

Me llevó a no odiar a nadie y a que supiera perdonar a aquellos que me habían lastimado, ya que nadie que lleva odio y resentimiento en su corazón puede ser realmente feliz. Tarde o temprano, toda esa basura que llevas acumulada dentro de ti, te daña a ti mismo y a los que te rodean, suelta esa basura, créeme, yo soy feliz solo por el hecho de no tener odio en mi corazón.

Una vez que solté el odio y el resentimiento de mi corazón, Dios me llevó a sanar mis heridas. Me enseñó que por más difícil fueran las circunstancias de mi vida, realmente soy una persona afortunada y que los momentos difíciles que he vivido, están forjando a la persona que Dios quiere que sea.

La vida es un regalo que Dios nos da, así que vívela como se debe, has que cada día cuente, nunca des por sentado nada, di un «te amo» a esa persona que tienes al lado, abrázala, porque nunca sabes si mañana esa persona ya no estará. Dice la biblia: «Este es el día que hizo Jehová; nos gozaremos y alegraremos en Él» (Salmos 118:24)

Dios nunca te bendice si tu no estas preparado para recibir su bendición, por lo tanto, antes de bendecirte, te lleva a que hagas cambios para bien en tu vida y esto me lleva a la cuarta etapa del proceso de transformación a una nueva persona, ya una vez que estamos listos para recibir sus bendiciones…Lo que Dios quiere es que caminemos en fe. Dios te promete que, si le obedeces y sigues sus mandamientos, bendecirá tu vida, pues dice su palabra: “Guardaréis, pues, las palabras de este pacto, y las pondréis por obra, para que prosperéis en todo lo que hiciereis

Si estas en esta etapa de tu vida, así como yo, haz algo con tu vida, Dios no te bendecirá si te quedas acostado, llorando fantasmas del pasado, guardando odio y rencor, con remordimiento por cosas que debiste hacer y no hiciste. Levántate y empieza a caminar por fe sabiendo que, si le obedeces y guardas sus mandamientos, Él te bendecirá en todo lo que hagas, pues dice su palabra:

Y te hará Jehová tu Dios abundar en toda obra de tus manos, en el fruto de tu vientre, en el fruto de tu bestia, y en el fruto de tu tierra, para bien; porque Jehová volverá a gozarse sobre ti para bien, de la manera que se gozó sobre tus padres” (Deuteronomio 30:9)

Experimentando Cambios En Dios

Dios actúa de formas misteriosas, las cuales nosotros simplemente no entendemos; el secreto de todo esto es obedecerle en todo, Él nos conoce incluso mejor que nosotros mismos y sabe lo que es mejor para nuestras vidas, aunque a veces, eso signifique no darnos aquello que pedimos.

Cuando Dios cercó mi camino llenándolo de espinas, yo no lo entendía y hasta ahora puedo ver toda la obra que ha venido desarrollando en mi durante todo este tiempo, el proceso ha sido doloroso, no mentiré, pero su palabra dice: «Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados» (Romanos 8:28)

Yo se que Dios cumplirá su propósito en mi y que veré con mis ojos todo aquello que me ha prometido, pues dice su palabra: “Pero luego volveré a conquistarla. La llevaré al desierto y allí le hablaré tiernamente. Le devolveré sus viñedos y convertiré el valle de la aflicción en una puerta de esperanza. Allí se me entregará como lo hizo hace mucho tiempo cuando era joven, cuando la liberé de su esclavitud en Egipto. Al llegar ese día dice el Señor, me llamarás “Esposo mío” en vez de mi Señor” (Oseas 2:14-16)

Aleluya, gloria a Dios!

PD. Te invito a que leas mas del libro de Oseas en el siguiente enlace: Libro de Oseas