A veces me siento como si estoy sentado en una sala de espera, en el lobby de la vida, donde parece que el mundo gira para todos, excepto para mí; o quizás si gira, pero lento, muy lento…La espera parece interminable y justo en esos momentos en donde siento que la espera ya ha sido muy larga, viene el enemigo y visita mi cabeza y mis pensamientos y me dice, ¿Todavía esperas algo? ¿Dónde está tu Dios en quien has depositado tu confianza? ¿No estabas mejor antes de buscarle? ¿Por qué aun tienes la confianza para esperar en Dios?

El rey David escribió en el libro de los salmos “¿Hasta cuándo, Jehová? ¿Me olvidarás para siempre? ¿Hasta cuándo esconderás tu rostro de mí?” (Salmos 13:1) “¿Por qué, oh Señor, te mantienes alejado, y te escondes en tiempos de tribulación?” (Salmos 10:1)

El Ruido En Mi Mente

En mi cabeza giran dos versiones en torno a mi situación actual; lo que espero en Dios y lo que veo en mi realidad cotidiana, ¿Pero que cuando tu realidad te dice que eso que estas esperando en Dios no se parece en nada a lo que vives?…Cuando la realidad de lo que veo, es más fuerte que mi fe, es justo en ese momento, cuando esa vocecita suave del Espíritu Santo me dice: “Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente; no temas ni desmayes, porque Jehová tu Dios estará contigo en dondequiera que vayas” (Josué 1:9)

Después de todo, vivimos por fe, o sea, por creer en algo que no vemos, y la fe se alimenta diariamente, no es algo de recibir una palabra y sentarse a esperar que suceda. Para desarrollar la confianza para poder esperar en Dios, necesitamos alimentamos con la palabra de Dios continuamente para hacer crecer esa fe, es como el que no come sus alimentos diariamente, ¿Qué sucede sino comes? Te debilitas.

Cuando esperamos por algo en Dios, Satanás hará lo posible por desviar nuestra mirada, para que la centremos en ver la fuerza de los vientos de la tormenta que vivimos, en lugar de ver a Jesús, nuestro Salvador, quien tiene el poder para calmar la tormenta.: “En seguida Jesús hizo a sus discípulos entrar en la barca e ir delante de Él a la otra ribera, entre tanto que Él despedía a la multitud. Despedida la multitud, subió al monte a orar aparte; y cuando llegó la noche, estaba allí solo. Y ya la barca estaba en medio del mar, azotada por las olas; porque el viento era contrario. Mas a la cuarta vigilia de la noche, Jesús vino a ellos andando sobre el mar. Y los discípulos, viéndole andar sobre el mar, se turbaron, diciendo: !!Un fantasma! Y dieron voces de miedo. Pero en seguida Jesús les habló, diciendo: !!Tened ánimo; yo soy, no temáis! Entonces le respondió Pedro, y dijo: Señor, si eres tú, manda que yo vaya a ti sobre las aguas. Y Él dijo: Ven. Y descendiendo Pedro de la barca, andaba sobre las aguas para ir a Jesús. Pero al ver el fuerte viento, tuvo miedo; y comenzando a hundirse, dio voces, diciendo: !!Señor, sálvame! Al momento Jesús, extendiendo la mano, asió de él, y le dijo: !!Hombre de poca fe! ¿Por qué dudaste? Y cuando ellos subieron en la barca, se calmó el viento” (Mateo 14:22-32)

De aquí podemos concluir, que cuando vamos en el camino hacia Jesús, habrán vientos fuertes, vientos que infundirán temor. Nota que cuando Pedro salió de la barca, iba caminando sobre las aguas; empezó a hundirse, cuando puso su mirada en la tormenta (llámalo, ese problema que estas viviendo en este momento), se hundió cuando pensó que no lo podría lograr, a pesar de que Jesús ya le había dicho que si podía llegar donde Él estaba.

Para desarrollar la confianza para esperar en Dios, primero es necesario callar esas voces en nuestra cabeza, que nos dicen que Dios no nos ha escuchado, que está muy lejos de nosotros; es necesario llenar nuestra mente y nuestro corazón con palabras de fe, con su palabra. Cuando Pedro se estaba hundiendo, no era porque Jesús estaba lejos, de hecho siempre estuvo ahí, se hundió porque dudó, pero nota que cuando Pedro se estaba hundiendo, Jesús no dejó que se ahogara, lo salvó justo en el momento cuando Pedro ya no podía por si mismo.

Él esta justo ahí, en medio de nuestra tormenta, nunca dejará que nos hundamos, su palabra nos dice que nunca nos vendrá una prueba mas fuerte de lo que podemos soportar «No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar» (1 Corintios 10:13)

No Temas Al Rabsaces (O Todo Aquello Que Te Infunda Temor)

El temor y la duda son los peores enemigos de la fe y Satanás es un especialista para infundir temor en nuestros corazones y hacer que perdamos la confianza en Dios. La biblia nos relata cuando el rey de Asiria, Senarequib, subió a Jerusalén con un gran ejército para invadirla:

Entonces el Rabsaces se puso en pie y clamó a gran voz en lengua de Judá, y habló diciendo: Oíd la palabra del gran rey, el rey de Asiria. Así ha dicho el rey: No os engañe Ezequías, porque no os podrá librar de mi mano. Y no os haga Ezequías confiar en Jehová, diciendo: Ciertamente nos librará Jehová, y esta ciudad no será entregada en mano del rey de Asiria” (2 Reyes 18:28-30) “¿Qué dios de todos los dioses de estas tierras ha librado su tierra de mi mano, para que Jehová libre de mi mano a Jerusalén?” (2 Reyes 18:35)

Para hacer el relato corto, Ezequías rey de Judá, se llenó de gran temor, rasgo sus vestiduras y oró a Jehová pidiéndole que los librara de manos del rey de Asiria, y Jehová lo escuchó y dijo a través del profeta Isaías:

Por tanto, así dice Jehová acerca del rey de Asiria: No entrará en esta ciudad, ni echará saeta en ella; ni vendrá delante de ella con escudo, ni levantará contra ella baluarte. Por el mismo camino que vino, volverá, y no entrará en esta ciudad, dice Jehová. Porque yo ampararé esta ciudad para salvarla, por amor a mí mismo, y por amor a David mi siervo. Y aconteció que aquella misma noche salió el ángel de Jehová, y mató en el campamento de los asirios a ciento ochenta y cinco mil; y cuando se levantaron por la mañana, he aquí que todo era cuerpos de muertos” (2 Reyes 19:32-35)

Lo único que Satanás puede hacer contra nosotros, es infundirnos temor, pero nuestra confianza debe de estar depositada firmemente en Dios y confiar en que la batalla es de Él y que pelea por nosotros: “No los temáis; porque Jehová vuestro Dios, Él es el que pelea por vosotros” (Deuteronomio 3:22)

Alaba A Dios Aunque No lo Entiendas

Por lo que he aprendido, la única manera de mantenernos firmes en nuestra fe es por el alimentarnos continuamente de la palabra de Dios, no existe otra manera. Así es que cuando el temor viene a mi corazón, me lleno de su palabra y alabo: “Cuando comenzaron a cantar y a dar alabanzas, el Señor hizo que los ejércitos de Amón, de Moab y del monte Seir comenzaran a luchar entre sí. Los ejércitos de Moab y de Amón se volvieron contra sus aliados del monte Seir y mataron a todos y a cada uno de ellos. Después de destruir al ejército de Seir, empezaron a atacarse entre sí. De modo que cuando el ejército de Judá llegó al puesto de observación en el desierto, no vieron más que cadáveres hasta donde alcanzaba la vista. Ni un solo enemigo había escapado con vida” (2 crónicas 20:22-14)

No hay nada que mueva a Dios más que tu alabanza, así que cuando más temor sientas, alábale, aunque no entiendas lo que vives, alábale, aunque llores, alábale. Es como decirle a Dios, no entiendo lo que me pasa, pero confió en que tú estás conmigo y me libraras de todas mis aflicciones; de esa forma demuestras tu fe y confianza de que Él cuida de ti. “Mas yo esperaré siempre, y te alabaré más y más” (Salmos 71:14)

La Confianza Para Esperar En Dios

Hace un tiempo el Señor me dio esta palabra en un momento en que sentía que mi mundo se desplomaba: “Dios es nuestro amparo y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones. Por tanto, no temeremos, aunque la tierra sea removida, y se traspasen los montes al corazón del mar; aunque bramen y se turben sus aguas, y tiemblen los montes a causa de su braveza” (Salmos 46:1-3) No sabría explicar el poder de esta palabra, ciertamente no lo entiendo, pero lo que si se, es que instantáneamente levanto mi espíritu, me sentí con nuevas fuerzas.

Su palabra me sostiene y entre más la leo, más fuerzas tengo, su palabra me da una esperanza, que, de otra forma, no tendría, me da ánimos para continuar y esperar en Él, porque dice su palabra: “El da esfuerzo al cansado, y multiplica las fuerzas al que no tiene ningunas. Los muchachos se fatigan y se cansan, los jóvenes flaquean y caen; pero los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán” (Isaías 40:29-31)

Los momentos de prueba son difíciles, pero también dice su palabra: “Bienaventurado el hombre que persevera bajo la prueba, porque una vez que ha sido aprobado, recibirá la corona de la vida que el Señor ha prometido a los que le aman” (Santiago 1:12) Por lo tanto, perseverare hasta alcanzar aquello que Dios me ha prometido en su palabra “Y no nos cansemos de hacer el bien, pues a su tiempo, si no nos cansamos, segaremos” (Gálatas 6:9)

Su palabra me sostiene, porque grandes son sus promesas: “He aquí, yo estoy contigo, y te guardaré por dondequiera que vayas y te haré volver a esta tierra; porque no te dejaré hasta que haya hecho lo que te he prometido” (Génesis 28:15)

Ciertamente: “Hubiera yo desmayado, si no creyese que veré la bondad de Jehová en la tierra de los vivientes” (Salmos 27:13)

Amén!

PD, Puedes ampliar mas sobre este tema en «Esperando en Dios…«