Tiempo de Lectura Aproximado: 6 minutos

A veces siento como si estuviera sentado en una sala de espera en donde parece que el mundo gira para todos, excepto para mí; o talvez si gira, pero lento, muy lento… La espera parece interminable y justo en esos momentos cuando siento que la espera ya ha sido muy larga, viene el enemigo, visita mis pensamientos y me dice, ¿Todavía esperas algo? ¿Dónde está tu Dios en quien has depositado tu confianza? ¿No estabas mejor antes de buscarle? ¿Por qué aún tienes la confianza para esperar en Dios?

El rey David escribió en el libro de los salmos “¿Hasta cuándo, Jehová? ¿Me olvidarás para siempre? ¿Hasta cuándo esconderás tu rostro de mí?” (Salmos 13:1) “¿Por qué, oh Señor, te mantienes alejado, y te escondes en tiempos de tribulación?” (Salmos 10:1).

Lo Que Espero Versus Lo Que Veo

En mi cabeza giran dos versiones en torno a mi situación actual; lo que espero en Dios y lo que veo en mi realidad cotidiana, ¿Pero qué cuando tu realidad te dice que eso que estás esperando en Dios no se parece en nada a lo que vives?

Cuando la realidad de lo que veo, es más fuerte que mi fe, es justo en ese momento, cuando esa vocecita suave del Espíritu Santo me dice: “Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente; no temas ni desmayes, porque Jehová tu Dios estará contigo en dondequiera que vayas” (Josué 1:9).

Después de todo, vivimos por fe, o sea, por creer en algo que no vemos, y la fe se alimenta diariamente, no es algo de recibir una palabra y sentarse a esperar que suceda.

Para desarrollar esa confianza para saber esperar en Dios, necesitamos alimentamos con la palabra de Dios continuamente para hacer crecer esa fe, es como el que no come sus alimentos diariamente, ¿Qué sucede si no comes? Te debilitas.

Es necesario callar esas voces en nuestra cabeza que nos dicen que Dios no nos ha escuchado, que está muy lejos de nosotros; es necesario llenar nuestra mente y nuestro corazón con palabras de fe, con su Palabra.

El Camino Hacia Jesús

Cuando esperamos en Dios, Satanás hará lo posible por desviar nuestra mirada, para que la centremos en ver la fuerza de los vientos de la tormenta que vivimos, en lugar de ver a Jesús, nuestro Salvador, quien tiene el poder para calmar la tormenta.

Y descendiendo Pedro de la barca, andaba sobre las aguas para ir a Jesús. Pero al ver el fuerte viento, tuvo miedo; y comenzando a hundirse, dio voces, diciendo: ¡Señor, sálvame! Al momento Jesús, extendiendo la mano, asió de él, y le dijo: ¡Hombre de poca fe! ¿Por qué dudaste? Y cuando ellos subieron en la barca, se calmó el viento” (Mateo 14:29-32).

De esta lectura podemos concluir, que aun yendo en el camino correcto habrá tormentas y vientos fuertes que infundirán temor. Nota que cuando Pedro salió de la barca, iba caminando sobre las aguas hacia Jesús y camino sobre ellas, pero empezó a hundirse cuando puso su mirada en la tormenta (llámalo, ese problema que estás viviendo en este momento).

Cuando Pedro se estaba hundiendo, no era porque Jesús estaba lejos, de hecho, siempre estuvo ahí, se hundió porque dudó, pero nota que cuando Pedro se estaba hundiendo, Jesús no dejó que se ahogara, lo salvó justo en el momento cuando Pedro ya no podía por sí mismo.

Él está justo ahí, en medio de nuestra tormenta y nunca dejará que nos hundamos, su palabra nos dice que nunca nos vendrá una prueba más fuerte de lo que podemos soportar «No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar» (1 Corintios 10:13).

No Temas Al Rabsaces (O Todo Aquello Que Te Infunda Temor)

El temor y la duda son los peores enemigos de la fe y Satanás es un especialista en eso, para hacer que perdamos nuestra confianza en Dios. La biblia nos relata la ocasión cuando el rey de Asiria, Senarequib, subió a Jerusalén con un gran ejército para invadirla:

Entonces el Rabsaces se puso en pie y clamó a gran voz en lengua de Judá, y habló diciendo: Oíd la palabra del gran rey, el rey de Asiria. Así ha dicho el rey: No os engañe Ezequías, porque no os podrá librar de mi mano. Y no os haga Ezequías confiar en Jehová, diciendo: Ciertamente nos librará Jehová, y esta ciudad no será entregada en mano del rey de Asiria” (2 Reyes 18:28-30).

Entonces Ezequías rey de Judá, se llenó de gran temor, rasgo sus vestiduras y oró a Jehová pidiéndole que los librara de manos del rey de Asiria, y Jehová lo escuchó y dijo lo siguiente:

Por tanto, así dice Jehová acerca del rey de Asiria: No entrará en esta ciudad, ni echará saeta en ella; ni vendrá delante de ella con escudo, ni levantará contra ella baluarte. Por el mismo camino que vino, volverá, y no entrará en esta ciudad, dice Jehová. Porque yo ampararé esta ciudad para salvarla, por amor a mí mismo, y por amor a David mi siervo” (2 Reyes 19:32-34).

Lo único que Satanás podrá hacer contra nosotros, es tratar de infundirnos temor, pero nuestra confianza debe de estar depositada firmemente en Dios y confiar en que la batalla es de Él y que pelea por nosotros: “No los temáis; porque Jehová vuestro Dios, Él es el que pelea por vosotros” (Deuteronomio 3:22).

Alaba A Dios Aunque No lo Entiendas

Por lo que he aprendido, la única manera de mantenernos firmes en nuestra fe es por el alimentarnos continuamente de la palabra de Dios, no existe otra manera.

Así es que cuando el temor me invade, me lleno de su Palabra y alabo: “Cuando comenzaron a cantar y a dar alabanzas, el Señor hizo que los ejércitos de Amón, de Moab y del monte Seir comenzaran a luchar entre sí. Los ejércitos de Moab y de Amón se volvieron contra sus aliados del monte Seir y mataron a todos y a cada uno de ellos. Después de destruir al ejército de Seir, empezaron a atacarse entre sí. De modo que cuando el ejército de Judá llegó al puesto de observación en el desierto, no vieron más que cadáveres hasta donde alcanzaba la vista. Ni un solo enemigo había escapado con vida” (2 crónicas 20:22-14).

No hay nada que mueva a Dios más que tu alabanza, así que cuando más temor sientas, alábale, aunque no entiendas lo que vives, alábale, aunque llores, alábale. Es como decirle a Dios, no entiendo lo que me pasa, pero confió en que tú estás conmigo y me libraras de todas mis aflicciones; de esa forma demuestras tu fe y confianza de que Él cuida de ti. “Más yo esperaré siempre, y te alabaré más y más” (Salmos 71:14).

Lee La Biblia

Hace un tiempo el Señor me dio esta palabra en un momento en que sentía que mi mundo se desplomaba: “Dios es nuestro amparo y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones. Por tanto, no temeremos, aunque la tierra sea removida, y se traspasen los montes al corazón del mar; aunque bramen y se turben sus aguas, y tiemblen los montes a causa de su braveza” (Salmos 46:1-3).

No sabría explicar el poder de esta palabra, ciertamente no lo entiendo, pero lo que si sé, es que instantáneamente levanto mi espíritu, me sentí con nuevas fuerzas.

Su Palabra me sostiene en momentos de debilidad y entre más la leo, más fuerzas tengo, su palabra me da una esperanza, que, de otra forma, no tendría, me da ánimos para continuar y esperar en Él, porque dice su palabra:

Él da esfuerzo al cansado, y multiplica las fuerzas al que no tiene ningunas. Los muchachos se fatigan y se cansan, los jóvenes flaquean y caen; pero los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán” (Isaías 40:29-31).

La Confianza Para Esperar En Dios

Los momentos de prueba son difíciles, pero también dice su palabra: “Bienaventurado el hombre que persevera bajo la prueba, porque una vez que ha sido aprobado, recibirá la corona de la vida que el Señor ha prometido a los que le aman” (Santiago 1:12).

Por lo tanto, perseveremos hasta alcanzar aquello que Dios nos ha prometido en su palabra “Y no nos cansemos de hacer el bien, pues a su tiempo, si no nos cansamos, segaremos” (Gálatas 6:9).

Su Palabra nos sostendrá, porque grandes son sus promesas: “He aquí, yo estoy contigo, y te guardaré por dondequiera que vayas y te haré volver a esta tierra; porque no te dejaré hasta que haya hecho lo que te he prometido” (Génesis 28:15).

El rey David escribió: “Hubiera yo desmayado, si no creyese que veré la bondad de Jehová en la tierra de los vivientes” (Salmos 27:13).

Amén!

PD, Puedes ampliar más sobre este tema en «Esperando en Dios…» o puedes leer el Salmo 46