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Como ya vimos en “Cosechamos Lo Que Sembramos”, todos nuestros actos tienen consecuencias; cada decisión que tomamos, ya sea, buena o mala, nos dará un fruto igualmente, bueno o malo… Entonces, partiendo de esta premisa, ¿Por qué no sembramos aquellas cosas cuyo fruto será algo bueno o agradable? Después de todo, ¿Quién quiere recibir cosas malas en su vida? Si quieres ver cambios en tu vida, cambia la semilla y haz algo diferente…

Quieres Cambios, Cambia Lo Que Haces

Una frase muy popular define a la locura como: “El hacer lo mismo una y otra vez esperando obtener resultados diferentes”. Y que gran verdad se encierra en ella, ya que muchas veces nos encontramos queriendo ver algo diferente en nuestras vidas, pero seguimos haciendo justo las mismas cosas que nos llevaron a fracasar una y otra vez.

Se dice que Thomas Alva Edison, el inventor de la bombilla eléctrica que hoy coexiste en las casas de casi cada habitante de la tierra, fracasó alrededor de mil veces hasta lograr una bombilla totalmente funcional.

¿Hubiera logrado el señor Edison inventar la bombilla realizando lo mismo en cada uno de sus intentos? No, y de aquí una famosa frase suya que dice: “No fracasé, solo descubrí 999 maneras de como no hacer una bombilla”.

Siembra Lo Que Deseas Recibir

Un primer paso para cambiar la semilla, es frenar nuestra boca, pues dice la biblia: “Pero ningún hombre puede domar la lengua, que es un mal que no puede ser refrenado, llena de veneno mortal. Con ella bendecimos al Dios y Padre, y con ella maldecimos a los hombres, que están hechos a la semejanza de Dios. De una misma boca proceden bendición y maldición. Hermanos míos, esto no debe ser así. ¿Acaso alguna fuente echa por una misma abertura agua dulce y amarga? Hermanos míos, ¿puede acaso la higuera producir aceitunas, o la vid higos? Así también ninguna fuente puede dar agua salada y dulce” (Santiago 3:8-12).

¿Por qué en lugar de decir palabras de maldición, decimos a esa persona que tenemos a nuestro lado, lo importante que es? ¿Cuánto le amas?... Siembras amor, cosechas amor, ¿Recuerdas? ¿Pero qué pasa si en lugar de decir palabras de bendición dices totalmente lo contrario?

¿Qué pasa si le dices a tu hijo que es un bueno para nada y se lo repites constantemente? Ten por seguro que ese niño crecerá y llevará dentro de sí, esa semilla que tú plantaste... Ser un bueno para nada. Mejor cambiar la semilla del reproche, por semilla de exhortación.

¿Quieres respeto? Comienza respetando a los demás. Si lo que vas a decir no aporta nada a la causa, mejor calla; a veces decimos cosas que no debimos decir en el calor del enojo. Ser cristiano no quiere decir que no te vas a enojar, pues dice la biblia: “Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo” (Efesios 4:26).

Todos nos enojamos, es parte de nuestra personalidad y no es pecado enojarse; el pecado es que, producto de ese enojo, golpees, insultes, o hagas cualquier cosa que ofenda a la otra persona. Otra vez, el fruto de ese enojo, que se llama, ira, te llevó a hacer eso que hiciste y que quizás no querías hacer. Cambia la semilla de la ira, por la semilla del amor y comprensión.

¿Quieres estar lleno amor, gozo, paz, paciencia? Estos son frutos del Espíritu Santo. “Más el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley” (Gálatas 5:22-23) ¿Cómo los obtienes? Dejándote guiar por Él.

¿Y cómo conoces al Espíritu Santo? Sembrando una semilla de fe en tu corazón, aceptando a Jesucristo como tu salvador, aunque no le hayas visto, y como recompensa recibes al Espíritu Santo de la promesa que morará en ti y te guiara al conocimiento de la verdad, luego su presencia producirá en ti esos frutos, solamente si te dejas guiar “Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad” (Juan 16:13).

¿Quieres ser bendecido económicamente por Dios? Ayuda a los necesitados, pues dice la palabra “A Jehová presta el que da al pobre, y el bien que ha hecho, se lo volverá a pagar” (Proverbios 19:17). Es prestar dinero al dueño del universo, al dueño del oro y la plata “Mía es la plata, y mío es el oro, dice Jehová de los ejércitos” (Hageo 2:8).

Como dice un dicho muy popular, "Nadie es tan pobre que no pueda dar, ni tan rico que no pueda recibir"... Ayuda cuando puedas, es gratificante, alegra nuestra alma, cambia nuestro corazón, cambia nuestra vida. ¿Y crees que Dios no tendrá para recompensarte por tu misericordia hacia alguien que necesita?

Otro principio de bendición económica es el diezmo y su palabra dice: “Traed todos los diezmos al alfolí y haya alimento en mi casa; y probadme ahora en esto, dice Jehová de los ejércitos, si no os abriré las ventanas de los cielos, y derramaré sobre vosotros bendición hasta que sobreabunde. Reprenderé también por vosotros al devorador, y no os destruirá el fruto de la tierra, ni vuestra vid en el campo será estéril, dice Jehová de los ejércitos” (Malaquías 3:9-11).

¿Estudias actualmente? ¿Adivina que pasa si no te preparas antes de ir a los exámenes? Posiblemente nunca te graduaras; pero ¿Qué pasa si te aplicas y estudias? Seguro lograrás graduarte y obtener un título en lo que sea que hayas estudiado. Nuevamente, cosechas lo que siembras y el título que logres, es el fruto de eso que sembraste... El estudio. Cambia la semilla de la pereza por diligencia para obtener los resultados que esperas.

¿Tienes un trabajo que no te paga bien? Dice la palabra: “¿Has visto hombre solícito en su trabajo? Delante de los reyes estará; no estará delante de los de baja condición” Proverbios 22:29). Si eres un trabajador mediocre, muy seguramente estarás en el lugar que te has ganado, es lo que sembraste.

Pero si eres diligente con tu trabajo y aun así no te lo reconocen, sigue haciendo tu trabajo lo mejor que puedas, da la milla extra, en algún momento, alguien lo va a reconocer, ya sea en tu trabajo actual o en otro. Dice la palabra: “Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres; sabiendo que del Señor recibiréis la recompensa de la herencia, porque a Cristo el Señor servís. Más el que hace injusticia, recibirá la injusticia que hiciere, porque no hay acepción de personas” (Colosenses 3:23-25).

Hay muchos ejemplos más que pudiera darte, porque todo se aplica a nuestra vida, así que comencemos a cambiar las semillas de nuestras acciones, identifiquemos toda semilla que de frutos negativos y cambiémoslas por semillas que nos den frutos gratos.

Siembra Abundantemente

Ya hemos hablado que para ver cambios en nuestra vida, debemos poner en práctica aquellas cosas que nos producirán los frutos que esperamos recibir; pero no se trata solamente de sembrar, también debemos hacerlo acorde a la bendición que deseemos recibir, por lo tanto, no te olvides de este principio ligado a la siembra y la cosecha:

Pero esto digo: El que siembra escasamente, también segará escasamente; y el que siembra generosamente, generosamente también segará. Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre. Y poderoso es Dios para hacer que abunde en vosotros toda gracia, a fin de que, teniendo siempre en todas las cosas todo lo suficiente, abundéis para toda buena obra; como está escrito: Repartió, dio a los pobres; su justicia permanece para siempre. Y el que da semilla al que siembra, y pan al que come, proveerá y multiplicará vuestra sementera, y aumentará los frutos de vuestra justicia, para que estéis enriquecidos en todo para toda liberalidad, la cual produce por medio de nosotros acción de gracias a Dios” (2 corintios 9:6-11).

Otro principio interesante acerca de la siembra y la cosecha es que siempre se cosecha más de lo que se siembra... No siembras una semilla de mango y cosechas solo un mango ¿Cierto? La semilla se multiplica y de un mango, puedes cosechar cientos o quizás miles de mangos durante su vida productiva.

Cambia La Semilla Para Cambiar Tu Vida

Por muy malas que sean las decisiones que tomamos, creo que nadie lo hace intencionalmente esperando fracasar, como seres humanos nos equivocaremos muchas veces en la vida; por lo tanto, necesitamos recurrir a la guía del Espíritu Santo de Dios, para que nos ayude con esas decisiones que debemos tomar.

Cuesta saber discernir la voz del Espíritu Santo, especialmente porque a veces no nos gusta lo que escuchamos de Él y terminamos anteponiendo lo que nosotros deseamos, pero si lo hacemos, su Palabra nos promete:

Fíate de Jehová de todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia. Reconócelo en todos tus caminos, y Él enderezará tus veredas” (Proverbios 3:5-6).

Amén!

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