A veces pasamos por momentos muy difíciles y nos preguntamos, ¿Dónde estaba Dios cuando me sucedió? ¿Por qué me pasó esto si yo lo puse en sus manos confiando en su ayuda? Es muy fácil desanimarse y perder sentido a la vida, cuando pensamos que Dios no nos escucha, pero aun es ese momento tan difícil de tu vida, ahí estaba Dios y Él es el único capaz de ayudarte a superar la perdida.

¿Por qué?

La presente entrada, la escribo en respuesta a un mensaje que recibí de una persona que acaba de perder a su hijo en un accidente y se encuentra muy devastada. La ley natural de la vida debería de ser que los hijos entierren a sus padres siendo estos ya unos ancianos, al menos así debería de ser en teoría; ¿Pero que cuando son los padres los que entierran a sus hijos?

Como padre de dos hijos, no quiero ni imaginarme el dolor que puede causar una perdida así y me preguntaba mientras leía su mensaje, ¿Qué palabras de aliento puedo dar a una persona que se encuentra sufriendo por una perdida tan grande?

¿Por qué Dios permitió que me sucediera esto? Y para tratar de entender un poco el por qué Dios a veces actúa de formas que para nosotros son incompresibles, la biblia nos narra la historia de Job, quien era un hombre recto e intachable delante de los ojos de Dios y nos dice: “Hubo en tierra de Uz un varón llamado Job; y era este hombre perfecto y recto, temeroso de Dios y apartado del mal. Y le nacieron siete hijos y tres hijas” (Job 1:1-2)

Y más adelante nos narra de las calamidades que este hombre de Dios sufrió, pues en un instante, perdió todo lo que tenía, bienes, riquezas e incluso a todos sus hijos: “Entre tanto que éste hablaba, vino otro que dijo: Tus hijos y tus hijas estaban comiendo y bebiendo vino en casa de su hermano el primogénito; y un gran viento vino del lado del desierto y azotó las cuatro esquinas de la casa, la cual cayó sobre los jóvenes, y murieron; y solamente escapé yo para darte la noticia” (Job 1:18-19)

Dios Soberano

En los próximos capítulos del libro de Job, él se dedicó a querer entender por qué Dios había permitido que le sucedieran todas estas cosas: ”¿No ve él mis caminos, y cuenta todos mis pasos? Si anduve con mentira, y si mi pie se apresuró a engaño, péseme Dios en balanzas de justicia, y conocerá mi integridad. Si mis pasos se apartaron del camino, si mi corazón se fue tras mis ojos, y si algo se pegó a mis manos, siembre yo, y otro coma, y sea arrancada mi siembra” (Job 31:4-8)

Ante tal conflicto, lo único que nos queda es confiar en que Dios tiene el control de todas las cosas que suceden, aun de esas cosas que nos causan tanto dolor, y que todo es parte de su propósito para nuestras vidas; como dice la palabra: “Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora. Tiempo de nacer, y tiempo de morir; tiempo de plantar, y tiempo de arrancar lo plantado” (Eclesiastés 3:1-2). Así como hay un tiempo para nacer, también hay un tiempo en que morimos, así lo estableció Dios.

Volviendo al relato de Job, luego de todos los cuestionamientos que él hizo por todo lo que le había acontecido, Dios le contestó de la siguiente manera: “Entonces respondió Jehová a Job desde un torbellino, y dijo: ¿Quién es ése que oscurece el consejo con palabras sin sabiduría? Ahora ciñe como varón tus lomos; yo te preguntaré, y tú me contestarás. ¿Dónde estabas tú cuando yo fundaba la tierra? Házmelo saber, si tienes inteligencia” (Job 38:1-4)

Es imposible entender la mente de un Dios infinito, utilizando nuestra mente finita y por más que nos esforcemos en entenderlo, nunca alcanzaremos tal sabiduría, porque dice su palabra: “Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo Jehová. Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos” (Isaías 55:8-9)

Job quiso entender los propósitos de Dios, pero finalmente terminó discerniendo que era imposible para él entenderlo “Entonces respondió Job a Jehová, y dijo: He aquí que yo soy vil; ¿Qué te responderé? Mi mano pongo sobre mi boca” (Job 40:3-4)

Superando La Perdida

Perder a un ser amado siempre es y será doloroso y yo no podría dar palabras suficientes para intentar compensar tanto dolor, pero esto es lo que Dios nos dice al respecto: “Tampoco queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen, para que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza. Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con Jesús a los que durmieron en Él” (1 Tesalonicenses 4:13-14)

Dios mando a su hijo a morir en la cruz, para que, a través de su muerte, obtuviésemos la vida eterna: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que dio a Su Hijo unigénito, para que todo aquél que cree en Él, no se pierda, sino que tenga vida eterna” (Juan 3:16)

La muerte no es el fin, es tan solo el comienzo a la eternidad y nuestro paso por esta tierra es relativamente corto; hay una vida eterna después de la muerte: “Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en Mí, aunque esté muerto, vivirá y todo aquel que vive y cree en Mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto?” (Juan 11:25-26)

Los muertos solo descansan, aguardando la venida de nuestro Señor Jesucristo: “Oí una voz que desde el cielo me decía: Escribe: Bienaventurados de aquí en adelante los muertos que mueren en el Señor. Sí, dice el Espíritu, descansarán de sus trabajos, porque sus obras con ellos siguen” (Apocalipsis 14:13)

Jesús venció a la muerte y debido a esto es que podemos decir confiadamente: “¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria?” (1 Corintios 15:55) Y llegado el momento de la venida de nuestro Señor Jesucristo, Dios quitará todo el dolor y sufrimiento de nuestras vidas pues dice su palabra: “Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron” (Apocalipsis 21:4)

En momentos de perdida y dolor, tenemos la plena confianza de que Dios está ahí con nosotros y aunque no lo entendamos al inicio, sabemos que: “Porque estoy convencido de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni lo presente, ni lo por venir, ni los poderes, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios que es en Cristo Jesús Señor nuestro” (Romanos 8:38-39)

A la hermana que me escribió, tengo esta palabra del Señor para usted: “Estimada a los ojos del Señor es la muerte de sus santos” (Salmos 116:15) Deposita tu fe en Él pues es el único que puede ayudarte a superar tu perdida ya que dice su palabra: “Dios es nuestro amparo y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones. Por tanto, no temeremos, aunque la tierra sea removida, y se traspasen los montes al corazón del mar; Aunque bramen y se turben sus aguas, y tiemblen los montes a causa de su braveza” (Salmos 46:1-3) Y también dice: “Aunque pase por el valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque Tú estás conmigo; Tu vara y Tu cayado me infunden aliento” (Salmos 23:4)

Cuando Dios reconoció la soberanía de Dios y se arrepintió por haberle reprochado por su perdida, entonces Dios lo restauró: “Y quitó Jehová la aflicción de Job, cuando él hubo orado por sus amigos; y aumentó al doble todas las cosas que habían sido de Job. Y vinieron a él todos sus hermanos y todas sus hermanas, y todos los que antes le habían conocido, y comieron con él pan en su casa, y se condolieron de él, y le consolaron de todo aquel mal que Jehová había traído sobre él; y cada uno de ellos le dio una pieza de dinero y un anillo de oro. Y bendijo Jehová el postrer estado de Job más que el primero; porque tuvo catorce mil ovejas, seis mil camellos, mil yuntas de bueyes y mil asnas, y tuvo siete hijos y tres hijas” (Job 42:10-13)

Amén!

PD: Mas sobre el relato de Job lo podrás encontrar en el siguiente enlace: Libro de Job y también quizás quieras leer esto: Soportando La Prueba